Territorio, paisaje y metabolismo territorial

1. Dispersión urbana y modelo de ocupación del suelo. El modelo predominante en La Palma es el de urbanización difusa o dispersa, especialmente en las zonas de medianías y costas. Esto se caracteriza por:

  • Atomización del suelo urbanizable: los Planes Generales de Ordenación Municipal (PGOU) han tendido a clasificar como urbanizable grandes extensiones de territorio, facilitando la construcción de viviendas unifamiliares aisladas.
  • Pérdida de población en los núcleos urbanos consolidados: ciudades como Santa Cruz de La Palma o Los Llanos de Aridane ven cómo su población envejece y se estanca, mientras la nueva construcción se desplaza a las periferias y áreas rurales.
  • Dependencia del Vehículo Privado: esta dispersión hace inviable un transporte público eficiente, aumentando la congestión, los gastos de las familias y las emisiones de COâ‚‚.
  • Abandono del patrimonio arquitectónico Tradicional: se produce un abandono progresivo de cascos históricos y viviendas tradicionales en favor de nuevas construcciones que, a menudo, carecen de integración en el entorno y de criterios de eficiencia energética.
  • Impacto de la reconstrucción post-erupción: la tragedia del volcán de 2021 ha acelerado y hecho más visible esta dispersión, con nuevas urbanizaciones que repiten el modelo de baja densidad y se localizan en zonas previamente no urbanizadas.

2. Presión sobre los ecosistemas. La Isla, con numerosos espacios protegidos, sufre presiones constantes:

  • Fragmentación de hábitats. La urbanización dispersa actúa como un factor de fragmentación ecológica, aislando poblaciones de flora y fauna endémicas y dificultando los corredores biológicos.
  • Ocupación de suelos agrícolas de calidad. Se urbanizan suelos con alto potencial agrario, comprometiendo la soberanía alimentaria y el desarrollo futuro de la Isla.
  • Presión en zonas costeras. Aunque menos masificada que en otras islas, la presión turística y residencial en la costa sur (Fuencaliente, Los Cancajos) es significativa, afectando a ecosistemas litorales sensibles.
  • Vulnerabilidad ante riesgos naturales. El modelo de ocupación del suelo no siempre ha tenido en cuenta suficientemente los riesgos geológicos (deslizamientos, lavadas volcánicas), como demostró la erupción de 2021.

3. Inexistencia de políticas de paisaje. El paisaje se gestiona de forma reactiva y fragmentaria, no como un recurso estratégico integral.

  • No existe un marco legal específico y vinculante que priorice la protección, planificación y gestión activa del paisaje como un todo. Las directrices son genéricas y su aplicación depende de la voluntad municipal.
  • Pérdida de identidad y «embotellamiento» del territorio: La proliferación de construcciones dispersas, naves agrícolas, infraestructuras viarias y cartelería invasiva está homogenizando el paisaje y borrando la identidad cultural y visual de los distintos espacios de la isla.
  • Enfoque sectorial y no sistémico. Se protegen elementos puntuales pero no se gestionan las relaciones visuales, ecológicas y culturales entre ellos. No hay una visión de conjunto del paisaje como un sistema vivo y dinámico.

4. Metabolismo territorial. La gestión de los recursos en La Palma sigue un modelo lineal de «tomar-usar-tirar», muy alejado del concepto de metabolismo territorial circular, que entiende la isla como un sistema cerrado y con recursos limitados.

  • Agua: Se basa en la extracción masiva de acuíferos (con riesgo de sobreexplotación y salinización) y, de manera aún incipiente, en la desalación, que es energéticamente muy costosa. Se presta poca atención a oportunidades para la regeneración y reutilización de aguas grises, la recogida de agua de lluvia a escala urbana y la implementación de sistemas naturales de depuración.
  • Energía: A pesar del potencial solar y eólico, La Palma sigue siendo muy dependiente de los combustibles fósiles. El modelo de vivienda dispersa dificulta enormemente la eficiencia energética y el despliegue de redes inteligentes.
  • Residuos: El sistema se basa principalmente en el vertido (aunque con mejoras recientes en reciclaje). Se hace muy poco en cuanto a economía circular: no hay una estrategia insular para el compostaje de la gran cantidad de residuos orgánicos agrícolas y urbanos, ni para la reutilización de materiales de construcción.
  • Movilidad: Como se ha mencionado, el modelo es insostenible. Frente a la dispersión, las soluciones de movilidad sostenible (transporte público eléctrico, red de carriles bici interurbana, fomento del teletrabajo) son testimoniales y no estructurales.

5. Gestión forestal centrada en la extinción

  • Los incendios forestales han aumentado en intensidad debido al cambio climático, abandono rural y presión urbanística.
  • La respuesta institucional se ha limitado a la extinción, descuidando la prevención y la gestión territorial integral.

6. Desequilibrio territorial insular: la concentración en el «eje central». La Isla presenta unas marcadas asimetrías territoriales en su desarrollo socioeconómico y demográfico que generan fuertes tensiones internas:

1. El «Eje Central» es el corazón económico y demográfico de la isla. Concentra:

  • La mayor parte de la población y el crecimiento demográfico.
  • La actividad económica primaria más productiva: los grandes cultivos de plátano para exportación.
  • La mayor parte del comercio, los servicios avanzados y la actividad industrial.
  • La mejor dotación de infraestructuras y equipamientos (sanitarios, educativos).

Este eje actúa como un imán lo que acelera los procesos de dispersión urbana y presión sobre los recursos ya descritos en su área de influencia.

2. El «Pentágono Norte» o «PaleoPalma» es el territorio de la historia y la nostalgia. Fue el centro económico y político de la isla durante siglos, basado en la caña de azúcar y el vino malvasía. En la actualidad, sufre:

  • Estancamiento o decrecimiento demográfico, con un marcado envejecimiento de la población.
  • Economía menos pujante, basada en una agricultura de subsistencia o de cultivos locales (viñedo, aguacates), el pequeño comercio y un turismo aún incipiente y de menor escala.
  • Abandono progresivo de los bancales y las infraestructuras rurales tradicionales, lo que conlleva un riesgo de pérdida de paisaje cultural y de aumento del riesgo de incendios por acumulación de biomasa seca.
  • Sensación de abandono institucional y de fuga de talento joven hacia el Eje Central.

3. El «Triángulo Sur» o «NeoPalma» es el territorio del potencial desaprovechado y la resiliencia. Caracterizado por:

  • Un desarrollo económico muy vinculado a ciclos concretos: el auge del turismo de sol y playa en Puerto Naos y Charco Verde y el cultivo del viñedo en Fuencaliente.
  • Grandes espacios abiertos y un paisaje volcánico de alto valor.
  • Una grave afectación por la erupción volcánica de 2021, que ha acentuado su vulnerabilidad.
  • Un enorme potencial para las energías renovables (sol, viento) y el geoturismo, que no está siendo aprovechado.

Este desequilibrio territorial agrava los problemas ya señalados:

  • Agudiza la dispersión. La búsqueda de suelo asequible para la vivienda, huyendo de los precios elevados del Eje Central, empuja la urbanización dispersa hacia las periferias de los municipios del Norte y del Sur, replicando el modelo insostenible en zonas aún más frágiles.
  • Presión asimétrica sobre ecosistemas. La presión es máxima en el Eje Central (pérdida de suelos fértiles, fragmentación). En el Norte, el riesgo es el abandono y la sucesión natural no gestionada, y en el Sur, la presión puntual de grandes proyectos (turísticos, energéticos) sin una integración paisajística adecuada.
  • Imposibilita una política de paisaje coherente. ¿Cómo aplicar una política única a realidades tan distintas? El paisaje del Norte, de bancales abandonados y bosques húmedos, requiere una estrategia de conservación activa y puesta en valor del patrimonio. El del Sur, una estrategia de integración de nuevas infraestructuras en un entorno volcánico. Y el del Centro, una contención de la huella urbana.
  • Ineficiencia en la gestión de Recursos. Un modelo de movilidad insular es inviable cuando la población y el empleo se concentran en un punto, y las residencias se dispersan hacia la periferia norte y sur. La gestión de residuos o el suministro de agua son más costosos y complejos para una población dispersa en tres realidades territoriales distintas.
  1. Ordenar para vivir mejor. Planificar el territorio con criterios de sostenibilidad, equidad territorial y bienestar. Un territorio ordenado debe ser también habitable, estético y coherente con la identidad palmera.
  2. Una Isla policéntrica y equilibrada: Superar el modelo de «Eje Central dominante». Una Isla con tres comarcas fuertes y complementarias (Norte, Centro y Sur), cada una con su propia identidad y motores de desarrollo, conectadas por una movilidad sostenible y eficiente. Garantizar el acceso a servicios sin depender del coche, con transporte público, infraestructuras verdes y conectividad digital.
  3. Compactar, rehabilitar y regenerar: Apostar por núcleos vivos, accesibles y eficientes antes que por la expansión dispersa. Queremos una isla que crezca hacia dentro, rehabilitando y revitalizando sus núcleos urbanos tradicionales, protegiendo el suelo rural y agrícola, y fomentando una edificación de alta calidad paisajística y eficiencia energética. 
  4. El paisaje como proyecto de Isla: Dejar de ser espectadores de la degradación paisajística. Aspiramos a que el paisaje sea el principal activo y el hilo conductor de todas las políticas territoriales, gestionado de forma activa para conservar su valor ecológico, cultural y económico.
  5. Metabolismo Circular: La Isla como Sistema Cerrado. Abandonar el modelo lineal de «usar y tirar». Queremos una Isla que imite a un ecosistema, donde el agua se reutilice, la energía sea 100% renovable y local, y los residuos se conviertan en recursos, minimizando la dependencia exterior y la huella ecológica.
  6. Gestión forestal proactiva y no reactiva: reducir la vulnerabilidad ante el cambio climático, aportando soluciones que permitan una gestión preventiva de los paisajes agroforestales frente a incendios, evitando el abandono agrario y creando valor económico y social a nivel local.
  7. Gobernanza colaborativa y con visión de Isla: Romper con la planificación municipalista fragmentada. Aspiramos a un modelo de gobernanza donde Cabildo, municipios y sociedad civil trabajen con una estrategia común y vinculante, con mecanismos ágiles de coordinación y participación.
  8. Biodiversidad como prioridad: Revertir la fragmentación de hábitats. Queremos una Isla donde la infraestructura verde sea prioritaria, los ecosistemas estén conectados y la riqueza de especies endémicas sea el termómetro de la salud del territorio.
  9. Territorio resiliente y seguro. Preparar la isla frente a riesgos naturales, climáticos y volcánicos.
  10. Innovación territorial. Incorporar ciencia, datos y tecnología para gestionar el suelo y el paisaje de manera inteligente. 

El objetivo es claro: transitar de un modelo que agota el territorio a uno que lo cultiva y lo valora como su bien más preciado. Queremos que la Isla progrese dentro de sus límites ecológicos, sin renunciar a su dinamismo ni a su capacidad de innovación.

  • Plan de Reequilibrio Territorial. Elaborar un plan que establezca las estrategias de desarrollo específicas para cada comarca:
    • Norte («PaleoPalma»): Eje agroecológico y turismo cultural. Bonificaciones para rehabilitar casas tradicionales y poner en valor bancales. Creación de una marca «Productos de las Medianías del Norte».
    • Sur («NeoPalma»): Eje de energías renovables y geoturismo. Plan de ordenación del territorio volcánico afectado, creando un «Parque Geoturístico del Volcán». Fomento de comunidades energéticas locales.
    • Centro («Eje Actual»): Eje de la eficiencia y la innovación. Plan de regeneración urbana integral de los cascos de Los Llanos, El Paso y Tazacorte. Impulso a la economía del conocimiento.
  • Nuevos polos de atracción y progreso.
    • Distribuir estratégicamente equipamientos insulares de alto impacto para descentralizar servicios y generar polos de atracción.
  • Moratoria y Revisión de los PGOU. Congelar la clasificación de nuevo suelo urbanizable. Revisar todos los planes municipales para:
    • Recalificar suelos urbanizables no desarrollados como suelo rural o protegido.
    • Establecer «Unidades de Ejecución» preferentes en suelo urbano consolidado y degradado.
    • Crear Catálogos Municipales de Paisaje que protejan las vistas, los elementos singulares y las alineaciones de volcanes.
  • Regeneración, rehabilitación y restauración
    • Rehabilitación energética y arquitectónica de viviendas en cascos históricos.
    • Recuperación de balcones, cubiertas tradicionales y elementos de carpintería.
    • Ayudas para el derribo de construcciones ilegales y la restauración paisajística de los solares resultantes.
  • Plan de Restauración y Conectividad Ecológica Insular.
    • Crear una Red de Corredores Biológicos que una los principales espacios naturales protegidos (Caldera de Taburiente, Cumbre Vieja, etc.), mediante acuerdos de custodia del territorio con propietarios públicos y privados.
    • Restauración ecológica activa de áreas degradadas: laderas afectadas por incendios, bordes de carreteras, riberas de galerías y barrancos.
    • Control y erradicación de especies vegetales invasoras en espacios naturales de alto valor.
    • Monitorización y protección activa de especies endémicas, zonas ZEPA y hábitats críticos.
  • Recuperación y valorización de la diversidad agroforestal.
    • Recuperación de los cultivos tradicionales de las medianías como elemento de valor paisajístico, de vector de desarrollo de las zonas agrarias y de prevención de incendios forestales.
  • Movilidad y Biodiversidad.
    • Adaptación de infraestructuras viarias: Construcción de pasos de fauna (superiores e inferiores) en las carreteras que fragmentan hábitats críticos (ej: LP-1 en el túnel de La Cumbrecita).
    • Regulación del uso recreativo en la naturaleza: Establecimiento de cupos y senderos oficiales en zonas sensibles (ej: Ruta de los Volcanes) para minimizar el impacto sobre la flora y fauna.
  • Estrategia de Custodia del Territorio para la «PaleoPalma».
    • Fomentar, mediante pagos por servicios ambientales, que los propietarios de fincas en las medianías del Norte mantengan los bancales en cultivo o realicen una gestión forestal sostenible, evitando el abandono que conlleva pérdida de biodiversidad y mayor riesgo de incendios.
  • Plan Hidrológico Insular Circular.
    • Obligatoriedad de sistemas de reutilización de aguas grises en edificios nuevos y grandes rehabilitaciones.
    • Instalación de sistemas de captación de agua de lluvia en infraestructuras públicas.
    • Fomento de la agricultura de precisión y sistemas de riego de máxima eficiencia.
  • Estrategia La Palma 100% Sostenible.
    • Instalación de placas solares en todas las cubiertas de edificios públicos y grandes superficies. 
    • Impulso de las comunidades energéticas locales
    • Desarrollo de proyectos energéticos si se traducen efectivamente en una reducción de los costes de la energía para la ciudadanía.
    • Agilizar el proceso para determinar el potencial de desarrollo de la energía geotérmica sin vincular el análisis con compromisos de explotación futura.
    • Residuos: Implantación del 5º contenedor (orgánico) en toda la isla y construcción de plantas de compostaje comarcales. 
  • La Palma, Isla Conectada.
    • Rediseño radical del transporte público: Líneas exprés Norte-Centro-Sur con frecuencias horarias y vehículos eléctricos.
    • Sistema de transporte a la demanda para núcleos aislados y dispersos.
    • Creación de una «Red de Vías Verdes» insulares para bicicletas y peatones, aprovechando caminos reales y pistas forestales.
    • Fomento del teletrabajo y de la conectividad digital como alternativa a desplazamientos presenciales; despliegue de red de fibra óptica en toda la isla.
Scroll al inicio