La historia interminable de La Laguna de Barlovento

La construcción de la actual balsa de La Laguna de Barlovento se adjudicó por alrededor de 1.000 millones de pesetas (6 millones de euros) a la empresa Ginés Navarro a principios de los años 90. La obra estaba financiada por el Ministerio de Obras Públicas y la Dirección de Obra correspondía a la Dirección General de Aguas que fue la que me nombró director de la obra. El proyecto de construcción era de la empresa (se había adjudicado bajo la forma de proyecto y construcción) y en él aprecié dos graves errores: el primero era que el diseño no tenía en cuenta el terreno en el que se construía la obra, una caldera de explosión cuyo fondo y paredes eran completamente diferentes en cuando a resistencia y deformación, en ningún documento del proyecto se hacía alusión a esa estructura geológica; el segundo error era impermeabilizar la balsa con una lámina de aglomerado asfáltico sobre un textil, llamada “cesacril”, que ni podía absorber los asientos que se iban a producir, ni tampoco era resistente al crecimiento de vegetación que proliferaba en el fondo de la laguna, tal como ya había visto que sucedió en el embalse de Tifirabe en El Hierro. Por todo ello y antes de empezar la obra, cambié el diseño y sustituí la lámina de cesacril por una de PVC; el cambio se podía hacer sin incremento de presupuesto, hecho que no aceptó la empresa porque vio en mis modificaciones, la excusa para compensar la baja que hizo en la oferta y por la que le adjudicaron la obra. Ante mi negativa a aceptar un aumento de presupuesto la empresa comenzó a reunirse con mis superiores hasta que les convencieron y me cesaron, sustituyéndome Pedro Calderón y José María Medina que, sin haber hecho nunca una balsa, aceptaron todas las peticiones del contratista. Así como la lámina la cambiaron a PVC, el diseño que era erróneo quedó igual y ahí comenzaron todos los males de esta obra.

Cuando advertí que no modificaban el diseño comuniqué a la Dirección General de Aguas que la obra estaba mal concebida, más tarde, cuando se terminó a finales de los 90, estuvo años esperando para llenarse, demostrando otro de los errores de la obra: la escorrentía de los barrancos que aportaban agua a la balsa no llegaban ni tan siquiera a la tercera parte de lo que habían supuesto en los cálculos hidrológicos para definir su capacidad y eso que, al principio de la obra, conseguí que el Ministerio rebajase la inicial capacidad que habían previsto de 5 Hm³ con una altura de embalse que superaba los 30 metros, logré que la dejaran en 21 metros de altura y un volumen máximo de 3’5 Hm³. De esta forma y gracias a que no se llenaba con agua de los barrancos, la Laguna de Barlovento estuvo con su capacidad por debajo de 1 Hm³ durante años, pero al menos se mantenía sin romperse. Fue entonces cuando el CIALP tomó la decisión de echarle el agua de las galerías de Barlovento y de los excedentes de los manantiales de Marcos y Cordero. Así comenzó a llenarse y por tanto a coger altura, lo cual suponía ir aumentando la presión de agua sobre el fondo y la lámina de impermeabilización. En esa época yo estaba dando clase de Obras Hidráulicas en la escuela de Ingenieros Civiles de la Universidad de La Laguna. Uno de los capítulos era la construcción de balsas y al acabar, siempre dejaba una clase de dos horas al tema titulado: como no hay que hacer una balsa. Entre otras, allí figuraba la construcción de la Laguna de Barlovento y siempre acababa diciendo que cuando esta balsa se llenase se rompería por su fondo.

En el año 2005 se confirmó la predicción, al producirse la primera rotura, que se detectó porque los drenes, tubos situados entre la lámina y el terreno que sirven para recoger el agua que se le escape a la lámina, comenzaron a perder un caudal que apenas se podía controlar. Se vació la balsa y se apreció un hundimiento generalizado del fondo que había roto y hundido el dren perimetral rompiendo la lámina. Además, en el centro y hacia el desagüe de fondo, había un agujero de 50 metros de diámetros y hasta tres metros de profundidad. En el año 2006 y con un presupuesto de 3 millones de euros, la mitad del coste del embalse, hicieron un arreglo consistente en rellenar el gran agujero central, colocar una estructura que asumiera los descensos entre el talud y el fondo, pero dejaron sin arreglar el dren perimetral y colocaron una nueva red de drenaje que saliera a la galería de fondo. Para ello tiraron la torre con la que se accedía a las válvulas y construyeron por debajo del embalse una galería para sacar por allí los tubos de desagüe. Y así, sin saber por qué se había roto y por tanto sin arreglar el verdadero problema, procedieron de nuevo a su llenado. Bajo de estas líneas se puede ver el embalse vacío y el agujero de tres metros de profundidad por donde rompió la lámina del fondo del embalse antes de proceder a su arreglo.

Tres años después en 2010 y gracias de nuevo a la aportación del agua subterránea procedentes de las galerías y los nacientes que no la de los barrancos, se llenó de nuevo la Laguna de Barlovento. A finales de año, los drenes comenzaron de nuevo a dar señales de que algo sucedía puesto que cada día que pasaba aportaban mayor caudal, apareciendo grietas en el hormigón del techo de la galería y comenzaron a deformarse las cerchas de hierro que lo sujetaba. Al enterarme de todo esto y de que a la vez el director de la obra había puesto una cuadrilla de cinco trabajadores a sellar las grietas, comuniqué mi seria preocupación por lo que le pudiera pasar a los trabajadores y que lo mejor era proceder al vaciado urgente de la balsa, a lo que se negaron la dirección de obra (que de nuevo era Pedro Calderón y José María Medina), la DGA y el CIALP. Ante mi insistencia en lo que yo calificaba como una posible catástrofe, amparándose en que yo nada tenía que ver con la obra, me abrieron un expediente disciplinario con toma de declaración ante el funcionario Luis Puga de Miguel actuando como juez instructor. Quince días más tarde, el día anterior al Domingo de Ramos del año 2011, La Laguna de Barlovento se rompió de nuevo, saliendo por la galería de fondo una avalancha de agua y barro de 8 m³/s (56.000 pipas/hora) que arrasó todas las tuberías de la galería de fondo, cayendo por el barranco, llevándose todo lo que pilló por delante y si no hubo ninguna víctima fue porque sucedió el sábado a la una de la tarde. El domingo visité la obra y cuándo el lunes llegué a la oficina, solicité que me entregaran mi expediente disciplinario, a lo que el Jefe de Actuación Administrativa de la DGA me dijo que no existía; al protestar por esta falta de rigor y abuso de poder, me abrieron un segundo expediente disciplinario que tuvieron que cerrar más tarde al demostrarles el hecho de que desaparecían los expedientes de la DGA.

Las fotos muestran la avalancha de agua durante ese fin de semana del mes de abril de 2011. La foto de la derecha realizada por el que suscribe, muestra el estado en el que se encontraba la galería de fondo un día después de haberse roto el embalse. Encuadrada en amarillo puede observarse la situación de un tubo empotrado en el techo, testimoniando hasta donde llegó el agua y su ímpetu.

El arreglo de esta rotura que constituyó la mayor de un embalse en Canarias, lo realizaron en 2012 de nuevo con un presupuesto de 3 millones de euros por la vía de emergencia y se le adjudicó a la empresa Dragados sin licitación pública por propia decisión del CIALP. De esta forma se superaba el doble del presupuesto inicial de esta obra, construida y ahora “arreglada” por la misma empresa y los mismos ingenieros que la iniciaron veinte años antes más otros nuevos del Consejo Insular.

En la primera foto se aprecia el enorme agujero por el que se vació el embalse canalizándose el caudal por la galería de fondo. También se aprecian a los protagonistas del arreglo, la Gerente del CIALP y su esposo, delegado entonces de Dragados, junto con ingenieros del CIALP y que consistió, como puede apreciarse en la foto inferior, de nuevo en tapar el agujero por donde se vació el embalse, rellenando de hormigón la galería, y esta vez disminuyeron la altura de llenado a la tercera parte. Con esta solución quedaba inutilizado el 70% del embalse al limitar el llenado con un desagüe a menos de 10 metros de altura del fondo, señalado en la foto con un círculo rojo. De nuevo asistimos a un arreglo sin saber por qué se ha roto.

Una vez que se limitó la altura del embalse a la tercera parte, la presión del agua sobre el fondo y la lámina se redujo, pero no se anuló, como tampoco los efectos de que el agua se introduzca en el terreno y vaya generando un hueco que obligue a la lámina a estirarse y con ella aumente la tensión. En estas circunstancias este efecto será más lento, al haber menos presión, pero no inexistente y por eso hemos tenido que esperar diez años para presenciar una nueva rotura que esta vez sucedió en el año 2022 cuando los drenes comenzaron de nuevo a dar agua. Sabida esta cuestión por la Asociación de Aguas para La Palma, se le preguntó al CIALP cuáles eran los caudales de pérdida en la Laguna de Barlovento a lo que el Consejero de Aguas de entonces, Carlos Cabrera, contestó diciendo que no había ningún problema en la Laguna y que todo estaba funcionando correctamente. Un año después, tras las elecciones de 2023, el actual Consejero de Aguas del Cabildo, Juan Ramón Felipe San Antonio en una entrevista de Tv del medio digital “Palmerus”, dijo que La Laguna estaba recirculando el agua que se escapaba por los drenes mediante el sistema de bombear las pérdidas de nuevo al embalse y que se habían detectado más de 700 agujeros en la lámina, con lo que demostró que las declaraciones de su antecesor eran no eran ciertas puesto que setecientos agujeros, por pequeños que sean, son la prueba de que sí había problemas y de que no todo funcionaba correctamente.

Ahora bien, una lámina que presenta 700 agujeros debería hacerles pensar que algo anómalo está sucediendo bajo ella, no es posible que la presión correspondiente a una altura de diez metros de agua provoque tanta cantidad de agujeros. Y no solo desconocen el problema que hay bajo la lámina sino que tampoco se dan cuentas de las repercusiones que provoca este desconocimiento. En primer lugar, hay que tener en cuenta que los drenes no recogen la totalidad del agua que se escapa, solo una pequeña parte; en segundo lugar, esa agua que se escapa se está infiltrando camino del subsuelo, arrastrando material fino que deja un hueco que se ocupa con la lámina, haciendo que esta se estire cada vez más, lo que escinde la sección y genera una mayor posibilidad de degradación de la lámina, bien punzonándose o bien rompiendo, he ahí la explicación de tantos agujeros. En definitiva: la causa de que esta balsa se siga rompiendo, aunque disminuyan la altura del agua en el embalse, vuelve a estar en el mismo problema de diseño que llevan 35 años sin resolver. Tres décadas y media de averías, derrochando tanto dinero que ya equivale a haber hecho la obra dos veces, lo que no parece importarles porque al fin y al cabo es pólvora del Rey y como dijo Juan Ramón Felipe, “no hay que buscar culpables” porque quizás él sea uno de ellos, en el pasado por haber sido Director General de Aguas y en el futuro por lo que sucederá. Porque, mientras no resuelvan el problema, la Laguna de Barlovento seguirá rompiéndose por muchos arreglos que le hagan. Es una cuestión de sentido común: no se puede arreglar algo sin saber por qué se ha roto.

Autor: Carlos Soler Liceras
Doctor Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos. Especialidad: Hidráulica y Energética.
Director de las balsas de Valle Molina, La Cruz Santa y San Antonio en Tenerife, Director del Proyecto y Construcción de las Balsas de Adeyahamen y Bediesta en San Andrés y Sauces.

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