La escena final de Los puentes de Madison tenía tanta fuerza narrativa que el diálogo entre los protagonistas no necesitó de palabras, tan solo de miradas temblorosas bajo la lluvia, un remolque encadenado y lágrimas que llegan donde el lenguaje ni puede ni sabe. La resistencia original de los puentes cubiertos de Iowa era notable, pero inestable y dudosa. Requieren de mantenimiento y rehabilitaciones constantes.
