Recuperar la dignidad cívica

La sociedad palmera no padece una simple crisis coyuntural: arrastra una enfermedad estructural. Durante décadas, se ha consolidado un modelo social basado en la dependencia, donde las instituciones no solo gobiernan, sino que condicionan profundamente la forma de pensar, actuar y relacionarse de la ciudadanía. Este modelo ha generado una cultura de subordinación en la que el favor sustituye al derecho, y la lealtad personal desplaza al criterio crítico.

El clientelismo no es una anomalía: es el sistema. Se ha normalizado como mecanismo de acceso a recursos, oportunidades y reconocimiento social. En este contexto, disentir tiene un coste, y cuestionar el poder implica, con frecuencia, la exclusión. Así, la autocensura se convierte en hábito, y la crítica en excepción.

A esta realidad se suma un legado histórico de control ideológico que ha dejado una huella profunda en la cultura política insular. No se trata solo de un pasado superado, sino de una inercia que sigue operando en las estructuras educativas, sociales e institucionales. El resultado es una sociedad donde el pensamiento crítico no ha sido suficientemente cultivado, y donde la autocrítica colectiva resulta incómoda y escasa.

La estructura económica refuerza este esquema. La dependencia de sectores poco diversificados y altamente vinculados a lo público limita la autonomía real de la ciudadanía. Sin alternativas sólidas, la libertad formal se vacía de contenido material. Se consolida así una sociedad que sobrevive, pero difícilmente se emancipa.

Sin embargo, lo más preocupante no es solo la existencia de estas dinámicas, sino su interiorización. Se ha instalado una baja autoestima colectiva respecto a la capacidad de la propia sociedad civil para generar cambio, para organizarse, para pensar por sí misma. Se duda de la propia fuerza, y esa duda se convierte en profecía cumplida.

No se pretende describir una fatalidad inevitable, sino señalar una responsabilidad compartida. Ninguna transformación será posible sin una ruptura consciente con estas lógicas. Es necesario reconstruir una cultura cívica basada en el pensamiento crítico, la independencia personal y la exigencia institucional. La sociedad palmera no carece de capacidad: carece, en gran medida, de las condiciones que permitan desplegarla.

Romper con el clientelismo, recuperar la dignidad cívica y activar el potencial colectivo no es una opción teórica: es una necesidad histórica. Sin ese proceso, la isla seguirá atrapada en un equilibrio de dependencia que limita su presente y compromete su futuro.

Autor: Francisco Rodríguez Pulido
Presidente de la Asociación Tierra Bonita

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio