La ley canaria de alquiler vacacional permite que una de cada diez casas se convierta en piso turístico, obliga a los ayuntamientos a elaborar una ordenanza que regule el sector antes de otorgar nuevas licencias e impone requisitos mínimos de calidad para que no cualquier domicilio aloje a turistas.
Eso recoge la norma ‘grosso modo’. Pero hay muchas otras fórmulas para poner coto al alquiler turístico que Canarias ha decidido ignorar. Desde Ámsterdam, en Holanda, que prohíbe destinar una vivienda a esta actividad más de treinta días al año, hasta Nueva York, en Estados Unidos, donde solo pueden alquilarse habitaciones del hogar habitual del propietario, volviendo a los orígenes de Aribnb y plataformas similares.
